"Instrumento semejante a un par de gafas de estilo antiguo, con montura fina de oro y cristales tan gruesos que no se puede ver nada a través de ellos excepto en circunstancias especiales.
Según la tradición, eran propiedad del famoso califa de Bagdad, Harum al-Raschid. Se los regaló un artesano de la ciudad que era famoso por los extraños artículos que fabricaba. El hijo de dicho artesano, era un bribón y cuando le condenaron a una tanda de bastonazos por algún delito, su padre pidió al Califa que fuera misericordioso. Entonces el Califa le dijo que perdonaría al joven si el artesano era capaz de inventar un método infalible para identificar a un hombre honrado.
A los pocos días, el artesano regresó con el instrumento antes descrito y le dijo al Califa que el portador no podría ver nada a través de los cristales excepto el rostro de un hombre honrado.
El Califa se puso los anteojos y miró las caras de los principales ciudadanos de Bagdad que se habían congregado para presenciar la demostración. Pero la única cara que logró ver a través de los anteojos fue la de un joven sirviente que permanecía, humildemente, en segundo término.
El artesano dijo que el joven sirviente debía ser la única persona honrada entre los servidores del Califa. Cuando al-Raschid miró al rostro del artesano a través de los anteojos, pudo verle con claridad y llegó a la conclusión de que decía la verdad.
El Califa perdonó al hijo del artesano y elevó al joven sirviente a un alto puesto, pero pocos meses después descubrió que ya no podía ver el rostro de su antiguo sirviente a través de los anteojos.
El sabio Califa decidió que era imposible que un hombre ocupara una posición elevada y siguiera conservando su honradez, de modo que destruyó los anteojos por temor de que le hicieran no fiarse de nadie."
PAGE, M., INGPEN, R.: Enciclopedia de las cosas que nunca existieron.
Anaya: Madrid, 1987
Los noticieros televisivos nos atoran con noticias inocuas de desgracias ajenas ocurridas en países lejanos. Los periódicos españoles confunden noticia con opinión, siendo cada vez más difícil discernir qué es lo primero y qué es lo segundo. Los programas de televisión, crean sus propias noticias de forma directa y sin escrúpulos mediante sus propios presentadores. Y mientras, la información discurre a nuestro alrededor sin darnos siquiera cuenta. Nos inquietan con la gripe aviar, nos alarman con la gripe porcina y al final, son más las repercusiones que tiene la gripe que pasamos todos los años religiosamente que esa peste negra del Siglo XXI.
Pero ellos insistirán en que nos salvaron de una muerte segura, mientras mueren más personas por accidentes de tráfico que por cualquier otra causa. Baste decir que en Irak, sí en Irak, la principal causa de mortandad es... ¿la guerra? No. ¿Las armas de fuego? No. ¿Los actos de terrorismo? No. En 2010, murieron en Irak, 2.832 personas según el propio Gobierno iraquí (AKnews 23/01/2011) más personas por accidentes de tráfico que por ninguna otra causa y lo que es peor, más de 10.000 personas quedaron afectadas a causa de dichos accidentes, pero de eso no se dice nada.
Por ello, intentaré ponerme los anteojos de al-Raschid que me permitan atisbar lo que realmente está ocurriendo, unos anteojos que me permitan empezar a ver el Sol.
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